La investigación llegó con los resultados que nadie quería ver: los cuentos generados por inteligencia artificial reciben calificaciones más altas que los escritos por personas. Y la mayoría de los lectores no sabe cuál es cuál.
Si alguien le hubiera preguntado hace cinco años si un lector promedio podía distinguir un cuento escrito por una máquina de uno escrito por un ser humano, la mayoría habría respondido que sí, sin dudar. El estudio que acaba de publicar la Universidad de Villanova, en Pensilvania, sugiere que esa confianza era infundada. No solo la mayoría de los participantes no pudo identificar el origen de los relatos: además, cuando no sabían qué estaban leyendo, calificaron mejor los textos producidos por inteligencia artificial que los escritos por personas de carne y hueso.
El trabajo apareció en la revista Judgment and Decision Making. Participaron 1.682 personas de entre 18 y 81 años. Leyeron cuentos cortos de ficción —tres de autores humanos publicados en revistas literarias reconocidas, tres generados con ChatGPT— y los evaluaron en calidad, claridad e interés. También intentaron identificar su origen. Los resultados no dejan mucho margen para el optimismo de quienes escriben.
Por qué gana la IA en las encuestas
La investigadora principal, Deena Weisberg, ofrece una explicación que tiene lógica incómoda: la escritura generada por IA tiende a ser más clara, más directa y más fácil de procesar. La literatura humana, en cambio, tiende a ser más sutil y compleja. En otras palabras: los textos que requieren más esfuerzo cognitivo reciben, en promedio, calificaciones más bajas. Sin embargo, no es el esfuerzo lo que hace grande a la literatura como forma de arte.
El estudio también encontró un dato interesante sobre quién acierta y quién no. Las personas con mayor experiencia en herramientas de inteligencia artificial fueron más capaces de detectar textos generados por IA. En cambio, la familiaridad con la ficción literaria no mejoró esa capacidad de manera significativa. Leer mucho no te hace mejor detector de IA. Usar IA sí.
El problema de lo que se mide
Hay algo que el estudio no mide y que importa tanto como sus resultados. La pregunta de si un texto es «mejor» depende de qué se entiende por mejor. Claridad y facilidad de procesamiento son valores válidos. Pero no son los únicos valores literarios posibles. La ambigüedad, la incomodidad, la ruptura del lenguaje esperado, la exigencia de releer una frase tres veces para entenderla: esas son también marcas de calidad en cierta tradición literaria. Una tradición que no es la más popular, pero que tampoco es irrelevante.
Además, el experimento usó cuentos publicados en revistas literarias reconocidas como representación de la escritura humana. Eso no necesariamente equivale a la mejor escritura humana posible, ni a la más accesible. La comparación tiene sus sesgos.
Lo que el estudio sí deja en claro es que la percepción de origen importa. Cuando los participantes creían que un texto era humano, lo valoraban más, independientemente de si realmente lo era. La autoría sigue siendo un elemento de valor para el lector. Solo que ese valor no alcanza para compensar la diferencia de claridad cuando el lector no sabe de quién es lo que está leyendo.
El debate sobre inteligencia artificial y literatura no va a cerrarse con un paper. Pero este aporta evidencia que incomoda porque no tiene respuesta fácil. Para profundizar en este tema y otros debates culturales, revisá la cobertura de PDT!Noticias. Y si querés leer el estudio en detalle, fue publicado en la revista Judgment and Decision Making, disponible en acceso abierto.
