El 4 de octubre de 1986 llegó a las disquerías el segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Cuatro décadas después, sigue siendo una de las obras más influyentes del rock argentino.
Oktubre cumple 40 años. El 4 de octubre de 1986, el segundo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota llegó a las disquerías. Y con él, la banda de La Plata dio el paso que la sacó del under porteño para siempre.
Si lo escuchás hoy, todavía suena urgente. Por algo, cuatro décadas después, se lo sigue nombrando como uno de los discos fundamentales del rock argentino.
Oktubre y un país que se oscurecía
El disco salió en un momento raro. La primavera democrática empezaba a desinflarse, y una minoría enorme buscaba refugio en sótanos, discotecas y galpones.
En ese clima, Los Redondos respondieron con canciones de alerta. Por eso, Oktubre es también un retrato de época: oscuro, nervioso y cargado de imágenes de revuelta.
Las presentaciones del disco en Palladium marcaron el cierre de una etapa. La banda todavía era una entidad casi secreta, pero ya llenaba lugares como ese o Cemento.
En esos shows tocaba una formación de ocho músicos, con el tecladista Andrés Teocharidis. Pocos meses después, Teocharidis murió en un accidente y Skay y el Indio decidieron no reemplazarlo.

Cine ruso, Berni y canciones perdidas
Detrás de Oktubre hay un mapa de referencias que vale la pena recorrer. El cine de Eisenstein y Tarkovski aportó ideas e imágenes al tándem Beilinson-Solari.
De hecho, «Canción para naufragios» dialoga con Sacrificio, la última película de Tarkovski, que gira alrededor de una catástrofe nuclear. Y «Motorpsico» toma el nombre de un film de Russ Meyer para hablar de los infiernos de la mente.
Por su parte, «Fuegos de Oktubre», la canción que inaugura el álbum, también tiene su historia. Antes de grabar, la banda vio en el Luna Park al coro del ejército ruso. Ese muro de voces graves terminó marcando su clima marcial.
La tapa es otro capítulo. Rocambole dibujó una multitud harapienta e imparable, con una influencia clara: Manifestación, el cuadro de Antonio Berni de 1934.
Además, hay un misterio que los fans conocen bien. La letra de «De estos polvos futuros lodos» figuraba en el sobre que acompañaba al vinilo, pero la canción no está en el disco. Según contó el Indio Solari en sus memorias, la quitaron sobre la hora, con el material gráfico ya en imprenta.
Un disco que sigue generando obra
Oktubre nunca dejó de producir lecturas nuevas. En 2007, un grupo de bandas platenses lo reversionó completo en un disco colectivo.
Más tarde, la escritora uruguaya Carolina Bello lo convirtió en novela para una editorial independiente. Y ahora, Rudie Martínez, de Adicta, acaba de lanzar su propia versión de «Fuegos de Oktubre».
Cuarenta años después, el disco sigue ahí, como una señal de alarma que no se apaga. Si nunca lo escuchaste de punta a punta, este aniversario es una buena excusa. Más cultura en PDT!Noticias.
