La Biblioteca Nacional se instala en la Antártida

«Con esta primera experiencia de instalación de la biblioteca nacional se cumple su misión de albergar, custodiar y comunicar el patrimonio bibliográfico que condensa la memoria histórica y cultural de la Nación. Es, de alguna manera, un gesto de construcción de soberanía porque el libro es el principal artefacto de construcción de sujetos soberanos, los lectores», declaró Guillermo David a la agencia Télam. «Leer a Borges, a José Hernández o a Martínez Estrada, por ejemplo, es tal vez uno de los modos más eficaces de construir ciudadanía y territorialidad». De esta forma el Ministerio de Cultura de la Nación continúa con su extensión en suelo antártico iniciada los primeros días del mes de febrero, cuando el Centro Cultural Borges envió a la Base Marambio libros de fotoperiodismo, obras de Jorge Luis Borges, cuentos de Mariana Enriquez, un ejemplar de Cortázar ilustrado por Isol y también novelas japonesas.

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En ese escondite de su memoria surgen nombres como los de David Lebón, Javier Martínez, Luis Alberto Spinetta, Black Amaya, Luis Gambolini, Tanguito, Edelmiro Molinari, aunque no de todos ellos guarda un buen recuerdo. También aparecen los discos y canciones que lo moldearon en aquellos años iniciales: Elvis, Little Richard, los Beatles, Jeff Beck, Grand Funk Railroad, los Stones, Manal y Vox Dei. Incluso recuerda con cariño los discos de Glenn Miller de su padre: «Para mí, fue todo un anticipo del rock & roll porque hacía riffs con los bronces».

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La pintura clásica y el cine de terror estuvieron presentes en la charla. Enriquez repasó además a los músicos que la llevaron a la literatura y viceversa, entre ellos Richard Hell, bajista y vocalista de la banda punk The Heartbreakers; Tom Verlaine, guitarrista y líder de la banda Television; la obra «Las flores del mal», de Cahrles Baudelaire; «Una temporada en el infierno», de Arthur Rimbaud; y editores como el mítico francés Paul Verlaine.