Chango Spasiuk llega al Coliseo con Mundo Chango y una máquina que dibuja cine en vivo

Chango Spasiuk con su acordeón

El acordeonista misionero repasa su carrera en un espectáculo de dos horas. A su lado, un artista construyó un artefacto precinematográfico que proyecta imágenes hechas a mano, como un VJ analógico.

El acordeonista misionero repasa su carrera en un espectáculo de dos horas. A su lado, un artista construyó un artefacto precinematográfico que proyecta imágenes hechas a mano, como un VJ analógico.

Chango Spasiuk vuelve a Buenos Aires con un espectáculo que mira hacia atrás sin nostalgia. Mundo Chango, su recorrido retrospectivo, llega al Teatro Coliseo el viernes 6 de noviembre a las 21. Pero esta vez el acordeón no estará solo en escena.

Junto al músico misionero aparece un aparato único, mitad juguete antiguo y mitad consola de DJ. Se llama Animáquina y fue creado por Martín Schachner especialmente para esta gira.

Un VJ analógico para el Chango Spasiuk

Schachner es artista visual, diseñador e inventor. Su especialidad son los dispositivos de la prehistoria del cine: zootropos, praxinoscopios, taumatropos y otros artefactos que hacían mover imágenes antes de que existiera la pantalla.

Cuando Spasiuk conoció su trabajo, le propuso sumarse al show como una especie de VJ, pero sin computadoras. El problema era el tiempo: sus piezas generaban animaciones muy breves y el concierto dura dos horas.

La solución fue inventar algo nuevo. Schachner reunió todo su universo en una mesa de trabajo con dispositivos precinematográficos, cintas y objetos. El resultado es un kinógrafo, una máquina que, en sus palabras, sirve para dibujar cine.

Para Schachner, el encuentro tuvo algo de regalo. Dice que la música del Chango lo acompañó durante años en sus propios procesos creativos. Por eso, ahora que comparte escenario con él, se toma cada función como un trabajo artesanal: los cambios de película y de objetos se hacen a mano, en tiempo real.

Chango Spasiuk tocando el acordeón
El acordeón, centro de un repertorio que va del chamamé a Piazzolla.

«La máquina de hacer pájaros»

Puertas adentro, el artefacto tiene varios nombres. El técnico es kinógrafo. El artístico es Animáquina. Pero el que más le gusta a su creador es el que le puso el propio Chango: «la máquina de hacer pájaros», un guiño difícil de ignorar para cualquier fan del rock nacional.

Las imágenes son deliberadamente simples. Un caballo que galopa, una bailarina de cajita musical, cintas de cine que se mueven al ritmo de la música. Schachner busca que el movimiento sea lo expresivo, sin golpes de efecto. Y cuando el Chango toca a Astor Piazzolla, aparecen imágenes del bandoneonista en celuloide.

Música para ver

La combinación tiene lógica. La música de Spasiuk siempre tuvo algo cinematográfico: paisajes, silencios, una forma de contar sin palabras. Con la Animáquina, ese costado visual se vuelve literal.

El chamamé del Chango Spasiuk, que alguna vez definió como un rezo que se baila, encuentra así un compañero artesanal. Todo sale del papel y de la mano, sin pantallas digitales.

Para quienes siguen su carrera, Mundo Chango promete ser una síntesis. Para quienes nunca lo vieron en vivo, es una buena puerta de entrada. Más música y escena en PDT!Noticias.